Navegar sin ser marinero: el turismo náutico

Durante mucho tiempo, la navegación estuvo reservada para dos perfiles de personas, quienes tenían barco propio o quienes contaban con licencia profesional para dirigir una embarcación. Para el resto, la idea de realizar una aventura en el mar resultaba se podía considerar como un lujo demasiado costoso o, directamente., imposible de llevar a cabo. Sin embargo, esta situación ha ido cambiando a medida que el chárter náutico se fue consolidando como una forma de acceder al mar sin titulación, sin experiencia previa y sin embarcación propia. En 2024, según los datos que recoge Democrata.es a partir del Anuario de Estadísticas Deportivas, España recibió 3,4 millones de turistas náuticos con un impacto económico de más de 5.100 millones de euros.

Actualmente, alquilar una embarcación con patrón para pasar el día en el mar, hacer una travesía de varios días o aprender a navegar con un profesional, resulta ser mucho menos costoso de lo que se suele pensar. La oferta también ha mejorado con embarcaciones más cómodas, patrones con formación en atención al cliente y propuestas diseñadas específicamente para quienes se acercan al mar por primera vez. Esto ha hecho que cada vez más gente pueda realizar paseos que antes únicamente podía admirar desde el paseo marítimo.

El norte, el gran territorio pendiente

España tiene más de 8.000 kilómetros de costa y 375 puertos deportivos. La mayor parte de la actividad náutica se concentra en el Mediterráneo y las Islas Baleares, que lideran las tendencias de demanda entre los destinos turísticos. Sin embargo, también existe una parte de la costa española que tiene todo el potencial para desarrollarse y todavía está lejos de sus mejores posibilidades. Según señala el Clúster Marítimo de Cantabria, el norte de España cuenta con unas condiciones de costa excepcionales pero con una representatividad del sector náutico muy inferior a la que cabría esperar, y muy por debajo de la que tienen países europeos con costas comparables como Francia, Portugal o el Reino Unido.

Sin duda, el Cantábrico ofrece una mayor variedad de condiciones de navegación que el Mediterráneo. Tanto el viento, como el oleaje y las mareas que allí se presentan, hacen que navegar por estas aguas sea una experiencia más exigente y más interesante para quienes buscan aventuras más que una tarde tranquila. Si bien este no es un mar para todo el mundo, es ideal para quien quiere aprender a navegar de manera profecional, o para quien ya navega y busca un desafío distinto al de una bahía tranquila en verano. Las rías, los acantilados, los cambios de tiempo rápidos y la menor afluencia de gente, que durante el verano suele estar del lado del Mediterráneo, hacen que el Cantábrico sea un entorno de navegación deseado.

Del paseo al aprendizaje

Una de las tendencias que más ha crecido dentro del turismo náutico es la demanda de formación. Quienes deciden salir al mar buscan aprender y entender cómo funciona un barco, realizando prácticas de maniobras y acumulando horas de navegación real antes de obtener una titulación. Este es un perfil de cliente que busca, además de la experiencia de navegar, el conocimiento sobre cómo hacerlo y encuentran en el chárter con patrón un formato que combina las dos cosas.

Según los datos que recoge 2Playbook, la actividad de los puertos deportivos en España generó 281 millones de euros en 2024, con un crecimiento del 9,3% respecto al año anterior. El alquiler de embarcaciones sigue ganando terreno frente a la compra, y el perfil del navegante ha cambiado notablemente en los últimos años. Ahora los interesados son mucho más jóvenes y están más enfocados en aprender que en adquirir propiedades, dispuestos a pagar por experiencias concretas de calidad. Según los registros de actividad de Náutica Puerto Gris, la proporción de clientes que combina el chárter con actividades formativas ha crecido de forma sostenida, con personas que llegan buscando horas de navegación real como paso previo a sacarse la titulación.

El perfil de quien se acerca a la náutica hoy es también más diverso en cuanto a su origen. Ya no se trata únicamente de personas con una tradición marítima familiar o con un entorno social vinculado a la vela. Actualmente, muchas personas descubren la navegación a través de un viaje, un amigo o una búsqueda online, y que llegan sin experiencia previa, pero con mucha disposición a aprender. Esa apertura del público es probablemente el cambio más significativo que ha experimentado el sector en la última década.

Lo que aporta el mar

Hay algo en la navegación que resulta difícil de explicar a quien no lo ha experimentado. La atención que requiere estar en un barco, la necesidad de leer el viento y el agua, la sensación de que el entorno manda y hay que saber adaptarse, son reacciones que producen un estado mental alejado de cualquier otra actividad de ocio. No es una relajación pasiva, sino una concentración total en el presente, que no permite distraerse con el móvil ni con ninguna otra cosa. Quien navega por primera vez suele describir la experiencia como algo completamente diferente a lo que había imaginado, tanto en intensidad como en la calidad de la atención que requiere.

A eso se suma el componente físico, ya que maniobrar una embarcación implica tensión muscular constante y una buena concentración para mantener el equilibrio. No se trata de un esfuerzo explosivo sino sostenido, que trabaja el cuerpo sin que el cuerpo se resienta por el ejercicio en ningún momento. El aire marino, la exposición al sol y el movimiento sobre el agua completan una experiencia con beneficios demostrados sobre el bienestar físico y mental, documentados desde hace décadas por la medicina deportiva. Por ello, se puede entender que no es casualidad que la vela sea uno de los deportes con mayor presencia en programas de rehabilitación y terapia ocupacional en varios países europeos.

El turismo náutico ha crecido en gran parte gracias a que ofrece una experiencia que no tiene comparación con las ofertas que se pueden dar en tierra. Y a esto se le suma que hoy en día es una posibilidad accesible para mucha más gente que en otros momentos históricos.

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