Escoger una residencia de mayores para cuando un familiar nuestro lo necesita no es tarea sencilla. Hace unos años, mi familia y yo tuvimos que internar a mi padre porque el alzhéimer que padecía estaba muy avanzado y no podíamos atenderlo en casa. Te comento los criterios que seguimos para escoger la residencia adecuada.
Ingresar a nuestro familiar en una residencia pública es complicado. Hay plazas limitadas y suele haber listas de espera extensas. Por otro lado, el hecho de que sea pública no es garantía de que vaya a ser la opción más propicia. Muchas residencias privadas tienen mejor equipamiento y unos servicios más acordes con las necesidades de nuestro familiar que las residencias públicas.
Cuando tenemos dificultades para obtener plaza en una residencia pública, uno de los criterios que solemos poner por delante es el económico. Aunque el precio es importante, sobre todo si estamos hablando de una residencia que cobra más de la cuantía de la pensión del familiar, y la estancia debemos costearla los hijos, que no es que pasemos por una situación económica boyante, el coste no debemos ponerlo en el puesto de mando. Después de todo, queremos que nuestro familiar tenga la mejor calidad de vida posible el tiempo que esté interno. Hay otros factores que debemos considerar por encima de lo que nos vaya a costar el internamiento.
Otra de las tendencias que tenemos a la hora de seleccionar residencia es movernos por las que nos cogen más cerca. Este criterio es importante, pero limita las posibilidades. Es recomendable ampliar el ámbito geográfico y comparar varias residencias entre sí. Esto nos ayudará a dar con la más adecuada.
Mis hermanos, mi madre y yo estamos contentos con la residencia en la que internamos a nuestro padre. Te comento algunos de los criterios que barajamos para escogerla.
Atención sanitaria.
Lógicamente, al tratarse de una persona con un alzhéimer avanzado, como es el caso de mi padre, la atención sanitaria es de capital importancia. Pero yo pienso que es así en casi todos los casos. La mayoría de los internos en las residencias de mayores presentan problemas de salud. Es precisamente la dificultad de atender en el domicilio a una persona mayor, aquejada de enfermedades, una de las razones que nos empujan a tomar la decisión de internarlo en una residencia.
Las residencias de mayores no son centros sanitarios, pero como nos recuerda la página jurídica Iberley, toda residencia con más de 80 plazas debe tener como mínimo a una enfermera en plantilla, que cubra una jornada laboral de 40 horas semanales. En las residencias más pequeñas, es obligatoria la presencia de una enfermera a medio turno, 20 horas a la semana; y para las residencias más grandes, por cada 40 internos, por encima de los 80, o fracción, deberá haber un turno de enfermería de 20 horas más.
Respecto a la presencia de un médico, las residencias con más de 120 plazas han de contar con asistencia médica directa y presencial durante al menos 17 horas a la semana. Aumentando la atención 8 horas más por cada 20 residentes adicionales. Las residencias más pequeñas no deben tener menos de 5 horas semanales de atención médica directa.
Estos son los mínimos legales. Luego, en la realidad, encontramos residencias con servicio de enfermería las 24 horas al día, organizándose por turnos, y la presencia de otros profesionales sanitarios como fisioterapeutas, nutricionistas, etc.
En mi opinión, este es el criterio que debe estar a la cabeza.
Las instalaciones.
Este es otro aspecto importante. Queremos que nuestro familiar lleve una vida lo más cómoda y gratificante posible. Debemos fijarnos en la amplitud de las habitaciones, en la presencia de zonas comunes, en la existencia de jardines y áreas de recreo al aire libre. En el estado del comedor.
Del mismo modo, tenemos que prestar atención a la accesibilidad en todo el centro. A que no existan barreras arquitectónicas, que nuestro familiar se pueda mover con facilidad por las instalaciones, aunque tenga problemas de movilidad, a que la residencia tenga un plan de emergencias, con salidas especiales por si se produce cualquier incidente.
La climatización es otro factor que debemos valorar. Que haya una buena temperatura en el interior de la residencia y en cada una de las estancias, tanto en invierno como en verano.
De todo esto suelen hablar los medios de información y publicidad de las residencias de mayores y podemos comprobarlo efectuando una visita a las instalaciones. Como clientes interesados, tenemos derecho a realizarla antes de contratar los servicios.
Si tenemos opción a hacerlo, es recomendable visitar varias residencias y hablarlo con el resto de la familia y con el residente, si ha podido acudir a la visita, para escoger el centro más adecuado.
Ubicación y cercanía.
Los gerentes de Nuestra Señora del Rosario, una residencia de mayores ubicada en el centro de Valladolid, que se inauguró hace ya 26 años, opinan que es clave no alejar al residente del ámbito en el que se ha desarrollado su vida. Este detalle mejora su estado emocional y físico.
Para cualquier persona mayor, aunque tenga una enfermedad grave, internarse en una residencia es un cambio importante en su vida. Supone romper con la vida que habían llevado hasta ese momento, en su casa, para pasar a vivir en un entorno colectivo y asistencial. Cuanto menos drástico sea el cambio, mejor es para ellos.
Cuando vamos a ver a mi padre, nos dejan sacarlo unas horas fuera de la residencia. Nos damos con él un paseo por el parque o nos paramos en una terraza a tomar algo y charlar. Cuanto más familiar le resulte el ámbito por el que se va a mover, más gratificante será para él.
La vida de residente está repleta de vivencias y recuerdos, con los que no quiere ni es bueno romper del todo. Visitar aquellos lugares por los que se movía habitualmente, cuando sale de la residencia, mantiene viva su memoria. Incluso en casos de deterioro cognitivo. O eso nos gusta pensar a los familiares.
Por otro lado, la cercanía a su lugar habitual de residencia facilita la visita de amigos y familiares, que siempre es una alegría para ellos.
No pienso que la proximidad sea el factor más importante, pero, como vemos, se encuentra entre los tres primeros.
Las actividades.
El plan de actividades de la residencia tiene capital importancia. Estas actividades contribuyen a mejorar su estado físico y mental, estimulando áreas como la memoria o ejercitando los músculos para reducir los efectos de la pérdida de movilidad, al tiempo que fomentan la interacción y la vida social en el centro.
Aparte de las actividades habituales, que se suelen programar durante todo el año, muchas residencias de mayores aprovechan fechas señaladas para diversificar su programa. Es el caso de algunas residencias de Ceuta, que, como comenta el periódico local Ceuta Actualidad, organizaron durante la Semana Santa visitas al Museo de las Murallas, para ver la exposición de la Sábana Santa, y realizaron talleres gastronómicos en los que los residentes volvían a cocinar postres típicos de estas fechas como las torrijas.
Estas actividades mantienen a los residentes en contacto con el tiempo en el que viven. No es fácil vivir en un centro en el que todos los días parecen iguales y donde se puede llegar a perder la noción del tiempo. Efectuar actividades especiales en fechas señaladas como la Navidad, la Semana Santa y otras festividades especiales les conectan con sus recuerdos y les hacen sentirse partícipes de la sociedad.
Otra de estas actividades especiales son los cinefórums. Proyectar una película de cuando ellos eran jóvenes y después comentarla da pie a refrescar recuerdos y revivir etapas felices de su vida pasada.
Atención personalizada.
Este es un punto crucial sobre el que debemos informarnos y prestar especial atención. Es probable que nuestro familiar, cuando lo vayamos a ingresar en la residencia, requiera una atención especial. Por sus condiciones de salud, por ciertos niveles de dependencia particulares que presenta o por hábitos que haya adquirido a lo largo de su vida.
En el caso de mi padre era evidente. Cuando lo ingresamos en la residencia, ya no podía vestirse solo y necesitaba ayuda para el aseo diario. Para lavarse y para afeitarse. Sobre estas cuestiones preguntamos al personal de la residencia, y según mi madre, que es quien más le visita, mi padre, en este aspecto, está bien atendido.
Es una cuestión que hace referencia a su calidad de vida. Ningún residente es exactamente igual. Cada uno tiene sus particularidades. Por esta razón, los familiares deseamos que se le trate de una manera adecuada.
El trato humano es fundamental. A veces nos llegan noticias de residencias a las que los internos parece que los dejan aparcados todo el día en una silla del comedor hasta que llegue la hora de la comida, de la cena o de acostarlos. No sé si será cierto o no, pero a nadie le gustaría que nos trataran así. Y tampoco queremos que traten así a nuestra madre, padre, abuelo o abuela.
Este es un aspecto sobre el que podemos informarnos antes de ingresar a nuestro familiar en la residencia y que podemos ir comprobando el tiempo que esté en el centro. Mi madre suele hablarlo con la auxiliar que le entrega a mi padre en las visitas y con otros familiares que acuden a ver a otros residentes.
La alimentación.
Este es un asunto peliagudo. El Observatorio Nacional de Valoración Integral de Personas Mayores ha detectado en un reciente estudio que el 50% de los mayores que ingresan en un hospital y en torno al 25% de los que ingresan en una residencia, presentan síntomas de desnutrición. En la mayoría de las ocasiones es moderada, pero es un tema al que se le debe prestar atención.
Muchas veces, el mayor ingresa en la residencia después de vivir en su casa. Con frecuencia, solo o con asistencia puntual. El hecho de que vivan solos hace que muchas veces descuiden su alimentación. Que no cocinen o coman, como lo hacían antes, puesto que para ellos solos no se van a esforzar tanto en la cocina, o porque, según ellos, no tienen hambre.
Por otro lado, las necesidades nutricionales de una persona mayor no son las mismas que las de un adulto de mediana edad. Hay aspectos como la recalcificación de los huesos o la reducción de los índices de colesterol, que requieren una alimentación específica, y a la que no atienden movidos, tal vez, por la inercia.
La dieta que el residente tome en el centro en el que está internado debe atender a sus necesidades nutricionales. Debe ser una dieta equilibrada y adaptada a sus condiciones de salud. Atendiendo a posibles alergias o intolerancias alimentarias que pudiera presentar.
En este sentido, siempre es preferible contratar residencias de mayores que tengan cocina propia y que la comida se cocine en el centro, a aquellas que tengan contratado un servicio de catering externo. Se supone que la comida es más casera.
El precio.
Por supuesto, el precio de la residencia debemos tenerlo en cuenta, pero, como vemos, lo colocamos en el último puesto.
Ingresar a nuestro familiar en la residencia va a suponer un esfuerzo económico para la familia. Con frecuencia, el precio de la residencia excede la cuantía de la pensión de jubilación. Pero debemos afrontarlo. Él se encargó de nosotros cuando lo necesitamos.
Más que atender al coste del servicio en sí, debemos valorar la relación entre calidad y precio, evaluando todos los criterios que hemos visto antes. Y recurriendo a comparar varias residencias entre sí.
Debemos saber que contamos con ayudas públicas para sufragar parte del coste de una residencia. De la gestión de estas ayudas se encargan las comunidades autónomas y está asociado a la atención a la dependencia.
El Instituto Murciano de Acción Social, dependiente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, señala que en esta comunidad estas ayudas se otorgan a beneficiarios que ingresen en una residencia privada, no pública ni concertada, y están asociadas a su nivel de discapacidad.




