La cavidad oral puede ser tan susceptible de someterse a una cirugía como cualquier otra parte del cuerpo. El profesional que se ocupa de este tipo de cirugía tan específica es el cirujano oral maxilofacial y en determinados casos, el dentista. Es muy frecuente acudir a la consulta y que te “receten” una cirugía dental, por lo que vamos a explicar en qué consiste, los tipos de cirugía que se realizan, cuándo es necesaria y, algo sumamente importante: si causa dolor.
Este tipo de cirugía es una especialidad de la odontología con la que se resuelven problemas que afectan a la cavidad oral, los dientes, las encías, el hueso y los tejidos cuando no pueden ser tratados con alguno de los procedimientos convencionales. Pueden ir desde una extracción de mayor complejidad hasta la colocación de implantes, eliminación de quistes, etc.
Dentro de las cirugías, pueden realizarse dos tipos: cirugía menor y cirugía mayor. La primera de ellas se realiza en la misma clínica dental, con anestesia local e incluye extracciones, muelas del juicio, implantes, apicectomías y regeneraciones óseas y es el tipo de cirugía oral más común y frecuente. En el caso de la cirugía mayor, se lleva a cabo en el quirófano y bajo la aplicación de anestesia general. Implica la extracción de tumores, la reconstrucción orofacial o los traumatismos de mayor gravedad. Este tipo de cirugías las lleva a cabo el cirujano maxilofacial.
Afortunadamente, la mayoría de los casos de cirugía se engloban dentro de la cirugía menor, tratándose de procedimientos más rápidos, de carácter ambulatorio y manejables con una preparación adecuada. La finalidad principal de este tipo de cirugías es restablecer la salud de la cavidad oral, mejorar la función masticatoria y, en muchos casos, corregir problemas estéticos que afectan a la sonrisa. Esta cirugía va más allá de la extracción de dientes y sus beneficios se extienden a nivel general.
Cirugías más frecuentes en odontología
Llegado el caso de tener que someterse a algún tipo de cirugía oral, lo mejor es contar con la información necesaria para saber a qué se enfrenta el paciente, lo que, al mismo tiempo, elimina miedos y temores. El profesional Dr. Jaime Clavero, experto en implantología y cirugía dental, nos ha hablado sobre los diferentes tipos de cirugía oral a los que se puede someter un paciente.
Uno de los más habituales es la extracción de las muelas del juicio. Sin lugar a dudas, la intervención quirúrgica dental más común. En este tipo de cirugía, los terceros molares, conocidos popularmente como muelas del juicio y que suelen aparecer entre los diecisiete y veintiséis años, no encuentran espacio suficiente para erupcionar. De manera que quedan impactadas bajo la encía o el hueso o, al empujar, desplazan las piezas de al lado, por lo que la extracción es la mejor solución.
Cuando una de las piezas se encuentra en muy mal estado debido a una caries avanzada, un traumatismo, con raíces dilaceradas o con un absceso apical, no basta con una simple extracción; es necesario realizar un colgajo de encía, eliminar hueso y en ocasiones, seccionar el diente para extraerlo.
Los implantes dentales son una de las cirugías orales con mayor demanda en la actualidad. Consiste en la colocación de un tornillo de titanio con el que se sustituye la raíz del diente que se ha perdido y, posteriormente, se coloca una prótesis definitiva.
Otra cirugía frecuente en odontología es la apicectomía o microcirugía periapical que se lleva a cabo cuando existe una infección persistente en la raíz del diente tras realizar una endodoncia. Con esta intervención se elimina el extremo de la raíz infectada y se procede a su sellado. Este tratamiento permite que se conserve el diente y evita la extracción.
La regeneración ósea y los injertos se realizan para recuperar el hueso reabsorbido tras la pérdida de un diente. Este tipo de intervención se lleva a cabo para recuperar masa ósea mediante injertos óseos o técnicas de regeneración tisular guiada, con la finalidad de reconstruir el soporte perdido y poder garantizar la estabilidad necesaria para el implante.
En aquellos casos en los que la periodontitis se encuentra en una fase avanzada, se recurre a la cirugía periodontal. Si las bolsas periodontales superan los siete milímetros o el hueso que las soporta se encuentra comprometido, no es suficiente con un tratamiento convencional, por lo que una cirugía de este tipo, permite eliminar el tejido infectado favoreciendo la regeneración.
Los quistes dentales son sacos de tejido que se forman alrededor de los dientes retenidos o a consecuencia de una infección crónica. Para eliminarlos, la mejor opción es recurrir a la cirugía, evitando que se produzca un daño óseo progresivo y descartando la presencia de patologías de mayor gravedad.
Por último, citaremos la elevación del seno maxilar, una técnica quirúrgica que se utiliza cuando la altura ósea necesaria no se encuentra en la zona posterior del maxilar superior a la hora de colocar un implante. Se trata de una cirugía muy frecuente en implantología y cuyo índice de éxito es muy elevado. Con ella se garantiza que el paciente cuente con una base ósea estable y duradera que haga posible la osteointegración adecuada del implante.
Necesidad de una cirugía oral
Evidentemente, la cirugía oral no es siempre necesaria. No toda molestia que se produzca en la boca necesita una intervención de esta categoría. Sobre todo, porque la odontología moderna lo que prioriza es la conservación de las piezas dentales y, antes de operar, hay que explorar todas las opciones de tratamiento y reparación posibles. No obstante, existen situaciones en las que la cirugía es la única opción posible, como puede ser cuando la caries es muy avanzada y ha destruido la pieza de forma que no se puede restaurar. En los casos de dientes con fractura radicular vertical o cuando existe una enfermedad periodontal en fase terminal. Con las muelas del juicio impactadas y generando dolor o infección, es indispensable recurrir a la cirugía, así como en el caso de que un absceso no responda a otros tratamientos, o cuando hay que recurrir a la regeneración ósea.
En cualquier caso, la decisión de recurrir a una cirugía oral se toma en base a un diagnóstico riguroso en el que se incluyen una radiografía, una exploración clínica y, en determinados casos, el escáner 3D.
Una de las preguntas que más inquieta a los pacientes es sobre el dolor que produce la cirugía dental. Podemos decir que durante las intervenciones no existe dolor debido a que se llevan a cabo bajo anestesia local, lo que bloquea totalmente la sensación de dolor. Durante la misma se puede percibir presión o vibración, pero no dolor. En los pacientes que presentan ansiedad elevada, fobia dental o en el caso de intervenciones de mayor duración, se puede recurrir a la sedación consciente, donde el paciente permanece despierto, pero en un estado de relajación profunda.
Una vez pasada la intervención y cuando se desvanece la anestesia, pueden producirse molestias que se manejan con facilidad utilizando analgésicos comunes que el propio dentista va a prescribir al paciente. Las primeras cuarenta y ocho o setenta y dos horas son las más intensas. Pasado este tiempo, se nota una mejoría progresiva y las molestias y el dolor disminuyen. Lo que sí acompaña al postoperatorio y es totalmente normal son la inflamación, los hematomas leves y la sensación de incomodidad. No se trata de señales de alarma sino de la respuesta natural del organismo ante un proceso de cicatrización.
Conocer de antemano lo que va a suceder durante la intervención, reduce de forma considerable la ansiedad que genera, por lo que vamos a citar el protocolo habitual que se sigue durante una cirugía oral:
- Diagnóstico y planificación. Radiografía panorámica o escáner 3D para evaluar la posición, el estado del hueso o de la pieza dental y la proximidad a las estructuras nerviosas.
- Aplicación de anestesia local. En primer lugar, se aplica un gel anestésico por vía tópica para que el pinchazo no se note.
- Intervención. A razón del procedimiento se puede realizar una incisión en la encía, luxación del diente, sección de raíces o colocación del material de injerto.
- En el caso de que la intervención lo requiera, se cierran los bordes de la encía con sus correspondientes puntos de sutura, los cuales se retiran entre siete y diez días después.
Al finalizar, el especialista proporciona unas pautas detalladas sobre los cuidados y la medicación o alimentación necesarios para el paciente. Como el éxito de la cirugía no depende exclusivamente del profesional, su actitud y los cuidados que realice durante los días posteriores son cruciales: evitar escupir, enjuagarse con fuerza, fumar o tomar bebidas calientes, aplicar frío externo para reducir la inflamación, seguir una dieta blanda, tomar la medicación y acudir a revisión en caso de que se produzca sangrado, empeore el dolor o se produzca fiebre.
Estos consejos son muy sencillos de seguir y ayudan a que el proceso postoperatorio se produzca sin contratiempos. En definitiva, la cirugía dental, sus tipos y el proceso que se sigue son muy habituales y en la mayoría de los casos, el éxito está garantizado.




