Grandes figuras de la historia del arte han producido y/o diseñado artículos de regalo en algún momento de su carrera, y marcas y fabricantes de objetos decorativos les han rendido homenaje. El arte también está en los artículos de regalo.
Uno de los productos estrella de las tiendas de souvenirs son las maquetas en resina de edificios artísticos emblemáticos. Cuando entras en una tienda de estas en Madrid, siempre te encuentras con una réplica de la Puerta de Alcalá. En Barcelona son populares las maquetas de la Sagrada Familia y de la Pedrera de Gaudí y en Granada se venden joyeros que imitan el patio de los leones de la Alhambra.
Para el nacimiento de mi hija, mis amigos me regalaron una lámina enmarcada, tamaño real, de los Girasoles de Van Gogh. A la gente nos gusta el arte y queremos tenerlo en nuestra casa, aunque sea en forma de réplica u objeto decorativo.
El arte está implícito en estos objetos cotidianos como podemos ver en tiendas como Artestilo, una tienda de Madrid ubicada en el Paseo del Prado y que cuenta con su propia página web, donde se venden estatuillas de bronce, piezas de cerámica de Talavera de la Reina, joyería cordobesa, porcelanas de Lladró. Es un placer pasear entre sus estantes. Por momentos parece que estuvieras en un museo. Solo que sabes que tienes la opción de comprar esos productos. Bien sea para disfrute propio o para regalar.
Y es que mirando estas piezas, quizás no en todas, te das de cuenta que los objetos decorativos pueden ser una expresión artística.
Los tapices de Goya.
Francisco de Goya entra a trabajar en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, en Madrid, el 3 de enero de 1775 y allí permanece durante 20 años. Algunos de los cuadros costumbristas más conocidos de Goya: como “La Pradera de San Isidro” o “La gallinita Ciega”, en realidad eran modelos para fabricar tapices.
Esta fábrica, igual que la Real Fábrica de Aranjuez, la funda Felipe V, con la intención de que proveyeran de tapices y otros objetos decorativos a los palacios y edificios de la casa real y de este modo, reducir las importaciones de Flandes.
La fábrica alcanza su mayor esplendor durante el reinado de Carlos III, quien contrata a pintores consagrados para que realizaran los bocetos, siendo el más famoso de ellos, Francisco de Goya. Es también, en ese momento, cuando la fábrica de tapices se abre al público. Vendiendo sus obras, ya no solo al rey, sino también a lo más granado de la alta aristocracia.
En este trabajo, Goya deja testimonio de una época. Nos presenta como se relacionaban y como se divertían las personas de su tiempo. No solo las clases altas, sino el pueblo en general. Con ello crea un estilo artístico, las goyescas, que trascenderán al paso del tiempo.
Goya era un pintor profesional, entendiendo como profesional a que vivía de la pintura. No era el clásico pintor de cámara, como Velázquez o Tiziano, que trabajaba al servicio de un rey o de un papa. Era un reputado retratista, hacía retratos por encargo. Inició su carrera decorando iglesias y monasterios, como la Cartuja de Alu Dei, en Zaragoza, pero en cuanto tuvo oportunidad, diversificó su obra y sus fuentes de ingreso.
Es curioso observar como algunos de los cuadros más conocidos de Goya son en realidad diseños para artículos decorativos como tapices. Creaciones que se podían plasmar una y otra vez. Muchos de estos objetos los encontramos hoy en día estampados en láminas, platos de cerámica, bandejas, tazas o bolsos.
La cerámica de Picasso.
Dice el blog Artsper Magazine que Picasso opinaba que la cerámica debía formar parte de las bellas artes. Y entre 1947 y 1971, el pintor malagueño creo numerosas piezas de cerámica, algunas de ellas, como obra artística personal y otras como colaboración para fábricas y estudios de cerámica.
En 1947, Pablo Picasso visita una exposición de cerámica en Vallauris, en el sur de Francia, cerca de Cannes. Y se queda maravillado con lo que ve. Evalúa todas las posibilidades que encierra esta disciplina, En esa misma exposición conoce a dos de los artistas que exponen, el matrimonio George y Suzanne Ramiè, quien le proponen a Picasso que les decore tres platos.
Al año siguiente Picasso visita al matrimonio Ramiè en su taller y descubre cómo han quedado sus piezas. Después de haber sido barnizadas con un esmalte y cocidas en un horno, para que el resultado fuera más duradero.
Picasso se enamora de la cerámica. Tanto que se traslada a vivir al sur de Francia y pasa largas temporadas en el taller Madoura, propiedad de sus amigos Ramiè, donde produce piezas de cerámica casi a un ritmo industrial. Picasso se había introducido en la cerámica cuando era joven, en 1900, para saciar su curiosidad, pero decide abandonar esa disciplina.
Al rencontrarse con la cerámica en la madurez, en un momento tan delicado como fue la posguerra de la II Guerra Mundial, donde la economía y la sociedad francesa, y europea, estaban maltrechas, atravesaban un periodo de reconstrucción; Picasso reconecta a través del barro con sus orígenes, con su juventud. Con el Mediterráneo, con Málaga.
Los motivos de sus creaciones son el sol, el mar, los pájaros; las escenas de tauromaquia, que le recuerdan a España y a su juventud. Llega a inspirarse en la cerámica morisca, con platos y fuentes decorados por ambos lados, como las piezas que veía cuando era niño en Andalucía.
El universo doméstico de Dalí.
Movido por su espíritu comercial, o tal vez por esa visión del marketing que tenía, Salvador Dalí extendió su universo surrealista a objetos más personales y cercanos como pequeñas estatuillas de bronce y piezas decorativas que se comercializaban como objetos de regalo.
Aparte de ser un genio de la pintura, Salvador Dali desarrolló la marca personal antes de que existiera como concepto. Irreverente y provocador, por momentos, arrogante y altivo, Dalí sabía que debía estar presente en la vida y en la mente de la gente. Y que mejor forma de hacerlo que producir artículos que la gente podía tener en sus casas.
Un aspecto poco conocido de Dalí, por parte del gran público, es su faceta como diseñador de joyas. Cuanta el blog de la web de Caixabank, que en 1941, el multimillonario norteamericano Owen Cheatham encargó a Dalí el diseño de 22 joyas. Dalí realizó el boceto sobre papel, pintando los dibujos con los colores que debía tener cada pieza y con todo lujo de indicaciones respecto a los materiales a utilizar y la forma de encajar los elementos.
Dalí se trasladó a Nueva York para seguir de cerca la confección de las joyas, y asegurarse de que salían igual que como las había concebido. Era muy estricto en cuanto a los materiales. Solo admitía el uso de oro y de platino. Así como con la pedrería: diamantes, esmeraldas, zafiro, perlas. Si allí había imaginado que iba un rubí con determinada talla, no podía colocarse otra cosa.
La colección de joyas para Cheatham pasó a ser de 37 piezas y terminó de confeccionarse en 1970. Las joyas se incorporaron a la fundación filantrópica que lleva el nombre del multimillonario y se han expuesto de manera itinerante en varios museos del mundo. Entre ellos, la casa museo de Dalí en Figueras.
El arte pop de Andy Warhol.
El arte de Andy Warhol bebe de la producción industrial en serie y de la sociedad de consumo. No se sabe si como una crítica o como una reivindicación. Aquí hay interpretaciones para todos los gustos. De hecho, el llamaba a su estudio “The Factory”, la fábrica, ubicada en una nave industrial del pasado fabril de Nueva York, cerca del puerto.
Una de las obras más conocidas de Andy Warhol son los cuadros de las latas de sopa Campbell. Una expresión de cómo en la sociedad contemporánea, un producto de consumo habitual puede transformarse en una obra de arte.
Otra de sus técnicas innovadoras fue la serigrafía, hasta elevarla al rango de recurso artístico y emblema cultural. Basándose en el negativo de una fotografía, el cual llegaba a revelar con diferentes efectos, pintaba sobre él para crear una infinidad de versiones de la misma imagen. Son conocidas sus serigrafías de Marilyn Monroe, de Elisabeth Taylor o de Mao Tse Tung.
Estas mismas serigrafías originales se imprimían en litografías para la venta en masa. Un proceso que controlaba el artista y que contribuyó a engrosar la gran fortuna que amasó en vida.
En 1979, Andy Warhol pintó un coche de carreras BMW M1, contribuyendo a naturalizar la aplicación del arte en la producción de bienes de consumo. Otros artistas como el escultor y arquitecto español Cesar Manrique siguieron su ejemplo.
Andy Warhol quizás sea uno de los ejemplos más palpables del vínculo que existe entre el arte y los objetos decorativos y de regalo. Entre la creación artística de alto nivel y los productos que podemos comprar la mayoría de la gente.
Firmas que rinden homenaje a los artistas.
Como se cuenta en una reseña publicada en Abebooks, la casa de figuras de porcelana Lladró creó entre los años 1996 y 1997 una colección de objetos de decoración inspirados en los personajes que salían en los cuadros costumbristas de Goya. Los mismos que servían de modelo para los tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara. Son las “Goyescas de Lladró”. Un objeto que aún se sigue fabricando y que se encuentra entre los artículos más vendidos de la casa.
Pero no es el único ejemplo de fabricantes de productos de regalo que se inspiran o rinden homenaje a grandes obras de arte.
Las grandes obras de arte han servido, desde hace décadas, como una fuente constante de inspiración para diseñadores y marcas de objetos decorativos. Más allá de su valor histórico o artístico, muchas de estas creaciones se reinterpretan en piezas que pueden integrarse en el día a día, acercando el arte al público de una forma más accesible.
Un ejemplo claro lo encontramos en las reinterpretaciones de “Las Meninas” de Diego Velázquez. Esta icónica pintura ha sido adaptada en múltiples formatos decorativos, como figuras de porcelana, esculturas modernas o incluso piezas de diseño contemporáneo. Algunas tiendas especializadas han transformado a la infanta Margarita y su corte en figuras estilizadas, con acabados actuales que combinan tradición y modernidad. Estas versiones no buscan reproducir la obra original con exactitud, sino captar su esencia y convertirla en un objeto decorativo elegante.
Otro caso destacado es “El pensador” de Auguste Rodin. Esta escultura ha sido reinterpretada por diferentes marcas en materiales como porcelana, resina o metal, adaptándose a distintos estilos decorativos. En muchos hogares se pueden encontrar versiones simplificadas o fragmentadas de esta figura, que mantienen su simbolismo, pero con un enfoque más contemporáneo. Su postura reconocible la convierte en un elemento decorativo con personalidad propia.
Este fenómeno no se limita a estas obras. Pinturas como “La noche estrellada” de Vincent van Gogh han inspirado desde cojines y cuadros decorativos hasta vajillas y camisetas. Del mismo modo, el arte de Pablo Picasso se ha trasladado a objetos cotidianos como jarrones, lámparas o papelería, jugando con sus formas y colores característicos.
Estas adaptaciones permiten democratizar el arte, llevándolo fuera de museos y galerías. Las marcas reinterpretan las obras para adaptarlas a los gustos actuales, creando piezas que combinan estética y funcionalidad. Así, el arte clásico y moderno sigue vivo, no solo como patrimonio cultural, sino también como inspiración para el diseño y la decoración del hogar.
Y es que la gente somos amantes del arte y de la belleza. Bien sea por la popularidad de una obra concreta, como las “Meninas” de Velázquez, porque nos identificamos con un pintor como Goya o como Van Gogh o, simplemente, porque nos cautiva la belleza de un cuadro, no dudamos en adquirir esos productos para regalarlos o disfrutarlos a diario, aunque somos conscientes de que no son el original.
Esto nos hace pensar que el arte es más que un referente que encontramos en museos y libros. Forma parte de nuestra vida.




